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Nota: Las Fotos 1-2-3-4-5-6-7-8-9-13-15-16-18-19-21-22-24-28-30-31-32-33-35-37-39-40-42-46-47-48
corresponden al bioterio de la Pontificia Universidad Católica de Chile, la
otras fotos corresponden a experimentos de vivisección que se llevan a cabo en
diferentes laboratorios universitarios o de investigación de fármacos y
cosméticos, queremos mostrarlos aquí para que nuestros lectores puedan ver los
rostros de nuestros hermanos menores, sus emociones, su impotencia, su miedo y
desesperación, son seres vivos como nosotros
mismos, de corazón y sangre caliente, los primates, nuestros hermanos más cercanos al hombre, solo 300 genes nos separan,
apenas un 1%. Pero 233 de
estos genes que posee el engendro que se hace llamar humano, no se han encontrado en
la naturaleza de la tierra. ¿Quienes somos realmente? ¿Qué Dios vengativo contra
nuestra madre-tierra nos puso en este lugar para romper su hermoso equilibrio?. ¿Quién detendrá a los genocidas?
Tenemos constancia de experimentos de esta naturaleza en la Universidad
Católica, aquellos que han sido mencionados en el informe escrito
anterior. Por la denuncia filmada hace un tiempo atrás sobre experimentos
de la Universidad de Chile con primates, concluimos que la falta de control
puede permitir cualquier tipo de atrocidad con nuestros hermanos menores. Por
ello la necesidad de nuestra denuncia. Callar solo alienta la miseria humana.
Hay que detener esta barbarie que
amenaza la humanidad misma. Hay que hacer recesivos los genes criminales que
están dominando el planeta. No podemos aceptar que en nombre de una
"seudo-ciencia" se mate, se torture o se haga sufrir. No podemos aceptar que en
nombre de una "supremacía" criminal sobre nuestros hermanos menores, los
animales, se destruya una maravillosa creación solamente porque algunos ansían
más poder, reconocimiento y riqueza. Tal como no podemos aceptar así mismo, que
en nombre de la "seudo libertad" y de la "seudo democracia", en búsqueda de
armas inexistentes, se mate a miles o millones de personas y se destruya los
bienes de toda la humanidad. Callar es inmoral. Por ellos, por los que merecen
vivir, por los que tienen más derechos para vivir es nuestra denuncia.
De las ancestrales
leyes Mapuches:
Los verdaderos hombres
de la tierra
Los animales hermanos menores son.
No hablan pero con su mente se
comunican. Sus ruidos lenguaje es.
Ellos cumplen en forma perfecta la ley
de Zen-Zen. (creador)
No abusan del sexo
La hembra no acepta macho cuando está
preñada.
Sus crías nacen en primavera cuando todo
es fuerza.
No comen lo que no deben comer ni beben
lo que no deben beber.
Por ello no dañan sus dientes y no
tienen enfermedades, por eso mueren de viejo y sin dolor.
La madre cuida su cría y da la vida por
ella, aprende como el Yukatufe a construir su ruca.
Los animales nos sirven a todos
nosotros.
Ellos te dan su carne, su cebo, su
leche, el caballo te lleva en sus lomos, el perro te cuida tu ruka, el narki (gato)caza
los ratones, el puma se come las liebres que arrasan los sembrados, la llama, el
guanaco y la alpaca, te dan la lana para que te cubras del frío.
Ellos no hacen guerras entre sí, no se
destruyen como los hombres.
Ellos no atacan si no son atacados.
Entonces debes ser agradecido y
cuidarlos.
Nunca matarás a la hembra, ella
reproduce la especie.
No podrás comerte un animal en tiempo de
celo o de crianza.
A las abejas solo le sacarás la mitad de
la miel.
Antes de desangrar un animal lo
aturdirás para que no sufra.
Cuidarás la crianza de animales y aves.
La yeguas no matarás. Al kawl (caballo)
no pegarás.
Como a tus hijos con palabras suaves
enseñarás.
PREMIO: Los animales tus
pensamientos conocerán, de tí no huirán y a tí se acercarán.
CASTIGO: Públicamente tu falta
se dirá, todos te despreciarán, Weda te dirán y en las comidas carne no te
servirán. A un Kankan no te invitarán y versos que digan tu mala acción
escribirán.
Que eres menos que un animal te
gritarán.
Carta de Bartolomé de
las Casas
Sobre "los
experimentos" en los verdaderos hombres de la tierra en América Latina por parte
de los seguidores del Dios Yahvé.
SOBRE EL CARIBE
DE LA ISLA ESPAÑOLA
Por Bartolomé de las Casas
En la isla
Española, que fue la primera, como decimos, donde entraron cristianos y
comenzaron los estragos y perdiciones destas gentes y que primero destruyeron y
despoblaron, comenzando los cristianos a tomar las mujeres e hijos a los indios
para servirse y para usar mal dellos, y comerles sus comidas que de sus sudores
y trabajos salían, no contentándose con lo que los indios les daban de su grado,
conforme a la facultad que cada uno tenía, que siempre es poca, porque no suelen
tener más de lo que ordinariamente han menester y hacen con poco trabajo, y lo
que basta para tres casas de a diez personas cada una para un mes come un
cristiano y destruye en un día, y otras muchas fuerzas y violencias y vejaciones
que les hacían, comenzaron a entender los indios que aquellos hombres no debían
de haber venido del cielo; y algunos escondían sus comidas, otros sus mujeres e
hijos, otros huíanse a los montes por apartarse de gente de tan dura y terrible
conversación. Los cristianos dábanles de bofetadas y puñadas y de palos, hasta
poner las manos en los señores de los pueblos. Y llegó esto a tanta temeridad y
desvergüenza que al mayor rey, señor de toda la isla (10) , un capitán cristiano
le violó por fuerza su propia mujer. De aquí comenzaron los indios a buscar
maneras para echar los cristianos de sus tierras: pusiéronse en armas, que son
harto flacas y de poca ofensión y resistencia y menos defensa (por lo cual todas
sus guerras son poco más que acá juegos de cañas y aun de niños); los
cristianos, con sus caballos y espadas y lanzas, comienzan a hacer matanzas y
crueldades estrañas en ellos.
Entraban en los
pueblos, ni dejaban niños ni viejos, ni mujeres preñadas ni paridas que no
desbarrigaban y hacían pedazos, como si dieran en unos corderos metídos en sus
apriscos. Hacían apuestas sobre quién de una cuchillada abría el hombre por
medio, o le cortaba la cabeza de un piquete, o le descubría las entrañas.
Tomaban las criaturas de las tetas de las madres por las piernas, y daban de
cabeza con ellas en las peñas. Otros daban con ellas. en ríos por las espaldas,
riendo y burlando, y cayendo en el agua decían: »bullís, cuerpo de tal«; otras
criaturas metían a espada con las madres juntamente, y todos cuantos delante de
sí hallaban. Hacían, unas horcas largas, que juntasen casi los pies a la tierra,
y de trece en trece, a honor y reverencia de Nuestro Redemptor y de los doce
apóstoles, poniéndoles leña y fuego los quemaban vivos. Otros ataban o liaban
todo el cuerpo de paja seca: pegándoles fuego, así los quemaban. Otros, y todos
los que querían tomar a vida, cortábanles ambas manos y dellas llevaban
colgando, y decíanles: «Andad con cartas., conviene a saber, llevad las nuevas a
las gentes que estaban huidas por los montes. Comúnmente mataban a los señores y
nobles desta manera: que hacían unas parrillas de varas sobre horques y
atábanlos en ellas y poníanles por debajo fuego manso, para que poco a poco,
dando alaridos, en aquellos tormentos, desesperados, se les salían las ánimas.
Una vez vide que, teniendo en las parrillas quemánose cuatro o cinco principales
y señores (y aun pienso que había dos o tres pares de parrillas donde quemaban
otros), y porque daban muy grandes gritos y daban pena capitán o le impedían el
sueño, mandó que los ahogasen; y el alguazil, que era peor que verdugo, que los
quemaba (y sé cómo se llamaba y aun sus parientes conocí en Sevilla), no quiso
ahogarlos, antes les metió con sus manos palos en las bocas para que no sonasen,
y atizóles el fuego hasta que se asaron de espacio como él quería. Yo vide todas
las cosas arriba dichas y muchas otras infinitas. Y porque toda la gente que
huir podía se encerraba en los montes y subía a las sierras huyendo de hombres
tan inhumanos, tan sin piedad y tan feroces bestias, extirpadores y capitales
enemigos del linaje humano, enseñaron y amaestraron lebreles, perros bravísimos
que en viendo un indio lo hacían pedazos en un credo, y mejor arremetían a él y
lo comían que si fuera un puerco. Estos perros hicieron grandes estragos y
carnecerías. Y porque algunas veces, raras y pocas, mataban los indios algunos
cristianos con justa razón y santa justicia, hicieron ley entre sí que por un
cristiano que los indios matasen habían los cristianos de matar cien indios.
Notas
10.
Probablemente se trata del cacique Guancanagarí.
Animalweb
22/04/03
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